SIN PENA NI GLORIA
SIN PENA NI GLORIA
La aventura del macho ibérico en la isla hondureña ha terminado, lo único que me ha quedado claro es que ha pasado de “delfín de Irún” a “merluzo a la vasca”.
Arturo se desdice de sus palabras una y otra vez, me preocupa que padezca algún tipo de amnesia… ¿o es que es un embustero?, sencillamente creo que solo es un cobarde.
Primero nos hizo su campaña en busca de apoyo para permanecer en la isla diciendo que quería demostrar que es buen superviviente y tenía todo el derecho a optar por el premio.
Dos días después, al verse expulsado, nos cuenta que quería abandonar la isla, que no le gusta competir por un premio a mitad del concurso, que no considera justo que ganara un concursante que debuta tan tarde…
¿En qué quedamos? Aquí Arturo nos dio una lección magistral de lo que son escusas de mal perdedor.
La lección que ha aprendido Arturo es que no siempre la mayoría lleva la razón.
Su gran baza para justificar lo despreciable que soy, según él, es que mis compañeros de realitys en mi contra superaban en número a los que tenía a mi favor.
Ahora explica su cambio de bando al unirse a Toni Genil diciendo que no siempre unirse al grupo más numeroso es sinónimo de justicia. Espero que no se le olvide.
Aunque yo pienso que la convivencia con sus primeros camaradas llegó a ser tan insufrible que le superó y lejos de seguir valientemente el camino él solo prefirió aliarse con “el enemigo” pensando que más vale mal acompañado que solo.
¿En que ha quedado el paso de Arturo por Supervivientes?
Su llegada agonizante nadando hasta la orilla con Toni Genil como vigilante de la playa, la pérdida misteriosa de la navaja multiusos, la noche frustrada con Tatiana, su impasividad ante la violencia de Alberto, el convertirse en dos semanas en persona non grata para sus compañeros…
Por su puesto la excusa a su irrelevante participación consiste en decir que sus compañeros no le han dejado demostrar lo que es ¡pobre Arturo!
Tan poca relevancia ha tenido su aventura que solo le dedicaron diez minutos para su entrevista en plató, sin pena ni gloria y con el rabo entre las piernas.
Lo más destacable de esta entrevista no fue más que oírle desdecirse de sus palabras desafortunadas contra sus compañeros, tirando balones fuera como lo que es; un gran cobarde.
Y ahí seguía, erre que erre, defendiendo su papel de “Arturo pito duro”:
Que si no hubiera cámaras aquella fatídica noche Tatiana “pillaba”, aunque le dijeran que nunca estaría con Tatiana porque no le gusta… él contestaba sentenciando que “ya lo veríamos”.
Arturo, por tu bien, abandona ese papel que ya no puedes vender y de paso acepta que no siempre se gana y empeñarse en aparentar ser un semental caiga quien caiga (y aunque no caiga…) es digno de cromañones retrógrados.
Suscribo también las palabras escritas por Kiko Hernández en su blog, efectivamente Arturo no tiene ni idea de lo que significa la palabra hombría. Que alguien le explique que no reside entre las piernas sino en tener valor y principios, algo que demostró carecer junto a su amigo Alberto.
Iván Madrazo

