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UN CAFÉ CON IRONÍA (28.01.09)

Cuentan que estaban una tarde en París, compartiendo mesa y café, Óscar Wilde, diversos amigos y Coco Chanel. La diseñadora le pregunta al escritor: “Dígame, Wilde, ¿es cierto que yo soy la mujer más fea de París?” Wilde la mira y responde: “No, señora. De París no. Del mundo”.

La ironía es un afilado cuchillo difícil de manejar. Puede ser una sutil pluma que, a pesar de la elegancia, se clava o un sable que se vuelve en contra del que no sabe acariciarla. Ya lo dijo el propio Wilde: “La tierra es gran un teatro, pero tiene un reparto deplorable”. Es evidente que hay de todo en botica. Hay actores y teatreros.

Acepto, aunque no todos los comparta, cada uno de los comentarios que han surgido después de mi intervención en el Debate Final de Gran Hermano 10. No hay mejor libertad que dejar abierta, sin censura, una puerta a la ironía. No todo el mundo sabe utilizarla ni apreciarla en los demás. Yo, de todas formas, sigo en la mesa de ese café parisino esperando a los que besan con las palabras, a los que endulzan cafés, a los que saben ironizar y hasta a los que tropiezan con sus propios cuchillos.

Gracias Mercedes Milá por invitarme al debate y dejarme compartir un rincón más de tu mundo.
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PURA VIDA (23.01.09)

Todo se guisa públicamente, todo se come sin velos, casi con los dedos. A corazón abierto. Sangrando. Duele saber que otros hurgan pero compensa el placer de mostrarse sin escudo alguno. Valientes, libres. Así son Gran Hermano y su matrona. Así es también Iván el Terrible.

Como algunos sabéis, lo que empezó como una crítica periodística terminó como una droga difícil de abandonar. Mucha culpa la tiene Mercedes Milá, esa sultana salvaje de muslos comestibles. Tenéis razón algunos en el blog, yo también le comía hasta el bolso a esta gata indomable. Y ella lo sabe.

Ganó GH10 Iván el Terrible. Y me alegro de corazón. No ha habido en estas diez ediciones un hombre (genérico) que haya sabido entender mejor el más sano sentido de la competición. Yo he llorado y reído viéndolo. Me he emocionado con sus dudas, con sus temores, con sus sonrisas y con su libertad. Nos ha aportado una generosidad que no todos saben ofrecer. “Salgo con el alma más limpia”. Seguramente Iván Madrazo no sabe que en su limpieza de alma otros miles nos hemos bañado.

Hoy se apagan las luces. Yo echaré de menos esa vida en directo que algunos critican y que nos muestra, pese a quien pese, la verdad, la realidad, el mundo, la PURA vida.
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PIELES Y DISFRACES (20.01.09)

Hay pieles sinceras que se erizan sin saber mentir, que no necesitan gritar a qué huelen para que otros sepan respirarlas. Hay disfraces de gatos nocturnos que visten sus cuerpos de plumas para convertirse en lo que no son, o en lo que son pero no quieren que otros sepan. Y hasta hay gente que por no tener no tiene ni piel y apenas pueden sentir. Yo respeto todo aunque, afortunadamente, no todo lo viva.

He rescatado esta foto de un pasado álbum de moda que está por la red. En ese torso hay piel y pintura. Piel y disfraz en un mismo cuerpo. Yo ya sólo me disfrazo en carnaval. El resto del año no hay púrpuras que oculten mi piel, ni corbatas de laca sobre mi pecho.

Me viene a la mente en este momento Iván Madrazo. He leído muchas veces estos días que este tiarrón de Gran Hermano, que ha sufrido las iras de los mal perdedores y el respaldo del gran público, era un lobo con pelo de cordero. Que escondía bajo la piel una culebra de extensos venenos. Una vez más los diretes y las apariencias ponen rejas y opacidad para convertir ventanas en cárceles.

Por eso, porque hay que mutilar las rejas que arman los mal pensados, porque no entiendo la envidia y porque me da la real gana, hoy voto públicamente a favor de este hombre para que gane GH10. Creo que Iván tiene más piel que disfraz y eso me recuerda que, a menudo, los que no necesitan disfrazarse suscitan dudas entre los que no saben vivir sin un antifaz.

No hay camino más sencillo que el de la verdad. Hace poco un chaval tímido se me acercó en un acto para decirme que cómo podía hacer para salir de su armario familiar. Sólo sé una respuesta, que no haya armarios. Un vestidor (vivir sin corazas) lo deja todo al descubierto. En él uno puede colgar a la vista el disfraz de carnaval y dejar la piel desnuda, limpia, expuesta al beso de la libertad.
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